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Moda rápida en tiempos de covid

Si estás leyendo esto, es casi 100% probable que hayas escuchado, leído o vivido lo que hoy en día se denomina como “fast fashion”. (Moda rápida, para nosotros los hispanoparlantes.)

Casi 100% probable.

En caso de que este sea un término completamente nuevo para ti, pronto te enterarás de que así se le llama a la moda que llega en muy corto tiempo de las pasarelas a las tiendas, en donde puede adquirirse a precios ‘accesibles’ para la mayoría de los consumidores. Toda esta ropa, obviamente, está a la moda —en el momento en el que sale a la venta, claro. Por definición, las tendencias van cambiando con el tiempo, y ¿de qué te sirve esa falda que compraste hace menos de un año si ya no está de moda hoy? Esa misma pregunta se hizo la industria durante años, y finalmente tienen una solución muy práctica para que nosotros, ávidos consumidores, no tengamos que preocuparnos: la prenda no dura más tiempo que la tendencia! Es una solución simple y brillante… con consecuencias catastróficas y duraderas.

Y bueno, ya que estamos todos en la misma página, viene lo divertido: datos. Pero no dejes de leer (hay una sorpresa al final). No son los típicos datos que ya conocemos y que no nos dejan dormir…

…los que nos dicen que la industria de la moda emite más gases de efecto invernadero que el transporte marítimo y aéreo (combinado) …que la industria de la moda es la segunda consumidora más grande de agua …que desde 2000, la producción de ropa se ha duplicado, y que más del 60% está hecha con materiales sintéticos …que lavar ropa deposita 500,000 toneladas de micro-fibras en nuestros océanos cada año (50 mil millones de botellas de plástico)… ya sabes, esos datos deprimentes.

Gracias al COVID (¿a que esa es una oración que no pensabas leer?), el consumo de moda rápida ha disminuido sustancialmente . Forever 21 está en bancarrota. Zara, H&M y otras también han tenido masivas pérdidas —incluso considerando su mano de obra mal pagada y sobre-explotada. La realidad es que este tipo de moda sobrevive gracias a dos cosas (entre otras): el impulso y la ocasión. Si las tiendas están cerradas, es menos probable que compremos cosas por impulso. Y si no tenemos eventos a los cuales ir, realmente no hay ninguna ocasión para comprar ropa. El miedo ahora (para las generaciones jóvenes y futuras), es que acabando la pandemia, haya un rebote: un “shopping spree” de proporciones inéditas.

Y aquí va la sorpresa prometida: estás leyendo esto, entonces sabes de Switch, y sabes que hay un plan B para no seguir destruyendo este planeta (porque no hay un planeta B). ¿Por qué no, en vez de promover la cultura de lo desechable y efímero, le damos una segunda vida a las prendas que ya no queremos?

Eugenia Quintana, 2021

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